La sutil diferencia entre "disculparse" y "pedir perdón" a nuestros hijos, según expertos en crianza
La especialista en crianza consciente, Yvonne Laborda, ha desafiado las convenciones sobre cómo los padres deben abordar sus errores con los hijos. Su propuesta central es que, en lugar de “pedir perdón”, los padres deberían “disculparse”. Esta sutil pero profunda diferencia se centra en la atribución de la responsabilidad emocional: mientras que “pedir perdón” implícitamente delega en el hijo la tarea de otorgar el perdón, “disculparse” es un reconocimiento genuino de la falta sin imponer una carga en el niño. Esta práctica, respaldada por estudios que demuestran una mayor satisfacción en las relaciones familiares cuando las disculpas son sinceras y no coercitivas, fomenta la construcción de vínculos basados en la honestidad, el respeto mutuo y la validación de las emociones infantiles.
La perspectiva innovadora sobre la reparación de errores en la relación paterno-filial
El 19 de diciembre de 2025, la terapeuta Yvonne Laborda revolucionó el debate sobre la crianza consciente al presentar una postura audaz: los padres no deben “pedir perdón” a sus hijos, sino “disculparse”. Esta distinción, según Laborda, radica en el impacto emocional que cada formulación tiene en el niño. La expresión “perdóname” puede, involuntariamente, cargar al hijo con la responsabilidad de gestionar el arrepentimiento parental, obligándolo a perdonar y generando sentimientos de culpa o confusión si no lo hace. En contraste, “disculparse”, al decir “cuánto lamento lo que te acabo de hacer”, se enfoca en el reconocimiento del error y la asunción de la responsabilidad por parte del adulto, sin esperar nada a cambio del niño.
Un estudio reciente, que analizó la dinámica familiar entre padres y adolescentes, corroboró que las disculpas genuinas de los padres, aquellas que no buscan presionar al hijo para que perdone, conducen a una mayor satisfacción en la relación y a motivaciones más autónomas en los hijos. Este enfoque permite que el niño o adolescente se sienta comprendido y respetado, al validar sus emociones y liberar su carga afectiva. Cuando los padres se disculpan sinceramente, están modelando un comportamiento de autocuidado emocional y enseñando a sus hijos la importancia de reparar los errores sin manipular la situación. Así, el vínculo familiar se fortalece, cimentándose en la honestidad, la confianza y la responsabilidad mutua, y no en expectativas de retribución emocional. La reflexión final de Laborda encapsula esta idea: “Yo me disculpo, yo lo siento y yo lo lamento”, un poderoso mensaje para una crianza más consciente y efectiva.
La revelación de Yvonne Laborda sobre la diferencia entre “disculparse” y “pedir perdón” con los hijos nos invita a una profunda introspección. ¿Cuántas veces, con la mejor intención, hemos cargado a nuestros pequeños con la responsabilidad de aliviar nuestra culpa? Entender que nuestros hijos no son los gestores de nuestro arrepentimiento es un paso gigante hacia una comunicación más honesta y respetuosa. Este enfoque no solo empodera al niño al validar sus emociones, sino que también nos libera a nosotros como padres para asumir plenamente la responsabilidad de nuestras acciones. Es una lección valiosa sobre cómo construir relaciones familiares más fuertes y auténticas, basadas en el reconocimiento sincero del error y la aceptación incondicional de los sentimientos de nuestros hijos.
Salud Familiar

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